Historia

El proceso de creación de las tierras y las sierras de la Comarca del Matarraña (y de todo el Sistema Ibérico tal y como lo conocemos) se sitúa en una época de grandes movimientos, hace más de 60 millones de años. Anteriormente este terreno se encontraba bajo las aguas del mar.

De los asentamientos de población que hubo por estas tierras durante los últimos 4.000 o 5.000 años, nos han llegado algunos testimonios: restos neolíticos en Detrás la Pena, La Moleta o La Humbría.

El cambio evolutivo llevado a cabo desde la Edad de Piedra hasta el establecimiento de sociedades organizadas -agrícolas y ganaderas-, no podemos entenderlo sin las aportaciones de diversas culturas que entran en contacto con la de estas tierras. Desde el siglo VIII a.C. llegan por la costa las influencias griega, fenicia y cartaginesa; se empieza la construcción de poblados fuera de cuevas y abrigos y, poco a poco, va estructurándose la cultura ibérica. La Comarca del Matarraña y la zona de los Puertos es riquísima en reliquias ibéricas: Cretas, Calaceite, Mazaleón, Valderrobres, Morella, Tírig...

Poco a poco empieza a llegar la influencia romana a través de los caminos; el comercio, los soldados, las peregrinaciones, los inmigrantes..., aportan nuevas modas, costumbres, innovaciones técnicas. A partir de la segunda Guerra Púnica -que enfrenta romanos y cartagineses por el dominio del Mediterráneo- los romanos acaban estableciéndose en la Península y consolidando el proceso de romanización, es decir, la colonización cultural y lingüística, ya entrado el siglo I d.C.

A la lengua que se habla en esta zona se le añaden términos latinos que, a la larga, van configurando la actual lengua románica. Junto con la lengua, también va penetrando la nueva religión cristiana, con más o menos éxito.

Durante el siglo III el Imperio Romano empieza a tambalearse a causa de las incursiones bárbaras (los visigodos) en el norte. Se cree que es durante la época del dominio visigodo de la Península -unos dos siglos- cuando el cristianismo impregna definitivamente a sus gentes. Las diócesis gobernadas por obispos adquirieren gran poder. Seguramente la comarca del Matarraña perteneció a la diócesis de Tortosa.

Finalmente, el año 711 entran los árabes y empiezan a establecerse en la Península. Són muchos los adelantos que aportan, en cuanto a la construcción de viviendas, calles y caminos, y también de acéquias, pozos y bancales. Se trata de gentes de diversas etnias y culturas que, con los años, acaban dominando todo el territorio peninsular excepto el Pirineo Aragonés y la Cataluña Oriental. A causa de su extensión, el territorio musulmán se acaba dividiendo en pequeños reinos denominados Taifas. La comarca del Matarraña pertenece a la Taifa de Tortosa. El buen tracto dado por los árabes a la población autóctona favorece la conversión al islam de mucha gente. En Peñarroya de Tastavins, de la fuerte y fecunda presencia árabe, no hay apenas testimonios. Sin embargo, se conserva el topónimo Masmut, que proviene de una de las tribus bereberes que se establecieron en sus tierras: los masmuda.

A partir del siglo XII se empieza a notar la presión cristiana en manos del rey Alfonso I de Aragón. Pero es Alfonso II quien reconquista la comarca el año 1.169, ayudado por los caballeros de la Orden de Calatrava. En agradecimiento, les cede el castillo de Alcañiz y todos las tierras a él vinculadas -incluida la Villa de Peñarroya. La influencia de esta orden religiosa y militar es crucial para entender el desarrollo de esta zona.

El año 1.232 los Calatravos de Alcañiz conceden a Peñarroya la Carta de Población. Sin embargo el título de Villa no lo obtiene hasta 1.337. Esta cierta independencia, así como la vinculación a dicha orden, favorecen la fortificación y el crecimiento de Peñarroya; también la construcción de la nueva iglesia de la Mola.
Es en esta época cuando aparece una imagen de la Virgen entre unos zarzales en una fuente situada al pie del río Tastavins.
La leyenda dice que fue hallada por dos pastores; éstos dieron aviso y el pueblo decidió subirla en procesión a la nueva iglesia de la Mola. Parece ser que la Virgen encontrada quería quedarse al pie del río, porque el viaje desde las zarzas a la iglesia y viceversa se repitió tres veces. Así fue cómo decidieron construir una pequeña capilla dónde la Virgen había aparecido. Y unos años después apostaron por la construcción de una nueva ermita en una zona un poco más alta, pues donde habían construido la capilla era un terreno difícil a causa de la proximdad del agua.

La Ermita de la Virgen de la Fuente -o Ermita de Dalt- fue construida entre 1.340 y 1.360. Construcción rapidísima atestiguada por las pocas marcas de cantería que aparecen en sus paredes. Dichas marcas són las firmas de los canteros; y el hecho de haber pocas nos demuestra que en ella trabajaron pocos canteros.
Se trata de una ermita senzilla y medieval, de principios del Gótico. La escultura que encontramos tanto en su interior como en el exterior -en los capiteles, en las ventanas, en la portalada o en el tímpano- tiene un fuerte contenido didáctico y evangelizador; aunque conserva también una clara reminiscencia simbólica del Románico. Son muchas las alusiones a dualidades como el bien y el mal, la salvación y la condena, la virtud y el vicio.
La importancia de este edificio recae en su gran trabajo de carpintería, al puro estilo Mudéjar. Tanto la puerta de entrada como el artesonado de madera policromada que recubre la techumbre interior, son dos magníficos tesoros. En ellos se repiten motivos como la estrella de ocho puntas (elemento simbólico del Islam) o la cruz de Calatrava.
La Ermita de la Virgen de la Fuente dió prosperidad a la Villa de Peñarroya y se convirtió en un importante punto de adoración mariana y peregrinación.

En esta misma época, mediados del siglo XIV, la comarca del Matarraña sufrió una fuerte epidemia de peste negra. Seguramente dentro de este contexto se forjó la estrecha relación entre los pueblos de Peñarroya y Vallibona (provincia de Castellón). Cuenta la tradición que en Vallibona se quedaron sin mujeres jóvenes a causa de la epidemia. Así, el cura y siete mozos emprendieron el camino de Peñarroya para intentar dar solución a dicha situación. Después de hablar, las gentes de ambos pueblos decidieron que siete mozas de la Villa de Peñarroya se casaran con los siete mozos, repoblando así Vallibona. A partir de entonces empieza la arraigada tradición de emprender, cada siete años, el camino de Vallibona a Peñarroya. Para los primeros se trata de una rogativa mientras que para los segundos es una romería.

El siglo XV viene marcado por la desestabilización política de la Corona de Aragón, hecho que conlleva confrontaciones sociales. Se trata de la enemistad entre el rey Juan II de Aragón y su hijo y heredero Carlos; enemistad que divide a la población. Finalmente el príncipe Carlos muere antes que el rey, y al morir este último, es coronado rey Fernando II el Católico, quién se casa con Isabel de Castilla. A partir de este momento, los Calatravos van perdiendo poder progresivamente y la presión inquisitoria empieza a notarse. El año 1.492 los judíos són expulsados del territorio.
Aún así, en 1.471, los Calatravos conceden un importante privilegio a la Villa de Peñarroya: 15 días de feria anual -los primeros de septiembre-.
El siglo XVI es importante para el crecimiento de la Villa. Se construyen nuevas casas, la lonja, la Casa de la Vila, el nuevo horno, la cárcel, algunas masías. También se promueve la construcción de la Nueva Ermita de la Virgen de la Fuente -la ermita de Baix-, ermita que se construirá durante los dos siglos siguientes. Pero no sólo se promueve dicha construcción sinó que el Santuario empieza a crecer alrededor de la Ermita de Dalt; a ésta se le adosa un claustro con función de hospedería.
El siglo XVI es un siglo que, aunque próspero, sigue siendo inestable, sobretodo por lo que se refiere a la seguridad en los caminos. La comarca estaba llena de bandoleros y salteadores. Aún así, el comercio se fue haciendo su sitio y fue creciendo, aprovechando el enclave de Peñarroya como unión entre el mar (Vinaroz) y el interior (Bajo Aragón).

En el año 1.610 se produce en Aragón la expulsión de los moriscos. Miles de los antiguos mudéjares se ven obligados a emigrar, aún así muchos de ellos ya se habían convertido previamente.

A partir del reinado de Felipe III empezaron a agudizarse los problemas: cuantiosos impuestos ahogaban a los habitantes de la Península, con el fin de mantener los cometidos contra Francia y demostrar así la hegemonía española en Europa. En este contexto se enmarca, en Cataluña, la Guerra dels Segadors. La población catalana se subleva harta de la presencia de tropas españolas dentro de su territorio como consecuencia del conflicto entre España y Francia. Los catalanes acaban pidiendo ayuda a los franceses para poder hacer frente al vandalismo español. Esta situación no pasa de largo en las tierras del Matarraña. Entretanto, la peste negra y el cólera emergen de vez en cuando.

Poco después, a principios del siglo XVIII, otra guerra, la de Sucesión, inundó el territorio peninsular. Esta vez se enfrentan los partidarios del rey Borbón contra los partidarios del